Maestro: Anónimo
La apertura del alma no es una actitud pasiva; es algo activo, donde hay que poner la voluntad y el esfuerzo. A ustedes les gustan mucho las comparaciones, como a mucha gente, porque facilitan una manera fácil de explicar cosas que de otro modo serían muy difíciles de expresar con palabras.
Pues bien, imaginen el alma como una bola de cristal, completamente transparente, "abierta" al paso de la luz. Su superficie transparente permite la entrada de la "Luz" del Amor Divino. Más aún, permite una comunicación total con este maravilloso mundo de la Divinidad. También permite que la luz que brilla en su interior, esta llama estimulada por el Amor Divino, brille, visible para todos, manifestando su presencia.